Las promesas desinfladas del Mundial

12 de junio de 2026

Este es el primer Mundial de Fútbol de la historia que se adjudicó con compromisos sobre derechos humanos firmados. En Seguir Ganando revisamos qué se prometió en 2018, qué se borró antes del silbatazo inicial y qué sigue en disputa durante los 39 días del torneo. Y usamos con la misma vara para México, Estados Unidos y Canadá.

Por Redacción Seguir Ganando
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2018: la promesa que quedó por escrito

Hay un documento que casi nadie va a mencionar entre el partido inaugural del Mundial 2026 y la final del 19 de julio. Conviene empezar por ahí.

Después del FIFAGate —el escándalo de corrupción que en 2015 derrumbó a la cúpula del fútbol mundial—, la FIFA reformó su proceso de elección de sedes. Por primera vez, las candidaturas debían cumplir requisitos de derechos humanos, derechos laborales y sostenibilidad, y comprometerse a usar la Copa del Mundo como plataforma de diversidad e igualdad. Este Mundial es el primero con requisitos de derechos humanos en la candidatura, el primero con una Estrategia de Derechos Humanos como parte de la adjudicación, y el primero con un Marco de Derechos Humanos obligatorio para los comités de las ciudades sede.

La promesa más citada de aquella candidatura tiene fecha y firma. El informe independiente de derechos humanos encargado por la propia candidatura advertía de posible discriminación derivada de las restricciones de viaje que impulsaba el gobierno estadounidense. En respuesta, en mayo de 2018, ese gobierno aseguró por carta a la FIFA que todos los atletas, oficiales y aficionados elegibles de todos los países del mundo podrían entrar a Estados Unidos “sin discriminación”. The New York Times reveló después que el entonces presidente Trump escribió cartas a Infantino respaldando la candidatura y prometiendo que sus vetos migratorios no afectarían el torneo.

Vale la pena detenerse en una palabra de esa carta: elegibles. La promesa de no discriminar traía incorporada su propia puerta de salida — porque quién es “elegible” lo decide, precisamente, quien promete.

Un mes después, en Moscú, la candidatura conjunta de México, Estados Unidos y Canadá ganó la sede. Lo que se adjudicó ese día no fue solo un torneo: fue un contrato con condiciones. Y los contratos se auditan.

La campaña que no llegó al estadio

Para entender qué se perdió antes del primer partido hay que contar una genealogía.

En Qatar 2022, la FIFA prohibió el brazalete OneLove que diez selecciones europeas planeaban usar contra la discriminación. La presión posterior fue tal que en 2023 la propia FIFA creó la campaña Unite for Inclusion, en colaboración con la oficina de Derechos Humanos de la ONU, estrenada en el Mundial femenil de Australia y Nueva Zelanda: mensajes en pantallas y estadios, el brazalete de capitanes, mejoras de accesibilidad y un software contra el ciberacoso y los discursos de odio.

Los hechos verificados hasta el día de la inauguración en México, 11 de junio de 2026, son que esa campaña no se activará durante este Mundial en los países sede. También que este no es un episodio aislado. En 2025, la FIFA ya había cancelado sin explicación los mensajes antirracismo y antidiscriminación previstos para el Mundial de Clubes en Estados Unidos. Human Rights Watch escribió al presidente de la FIFA el 13 de enero de 2026 preguntando qué medidas tomaría frente a las redadas migratorias en eventos del torneo; la FIFA no respondió por escrito. Y desde que entregó a Trump el primer “Premio de la Paz FIFA” en diciembre, la organización ha guardado silencio sobre sus promesas concretas de derechos humanos, según la directora de iniciativas globales de HRW.

Compromisos firmados, documentos trabajados con la ONU, protocolos internos y auditorias externas que no están cumpliendo en su totalidad. Imagen de SG.

Nuestra lectura editorial —y la marcamos como tal—: cuando se apagan los mensajes de inclusión, no desaparece la discriminación. Desaparece la señal de que alguien la vigila. HRW sostiene que la omisión debilita las promesas de derechos humanos de la organización y deja más expuestas a las poblaciones LGBT+, migrantes y periodistas. Y la sociedad civil fue más lejos: noventa organizaciones —entre ellas Amnistía Internacional, HRW, la ACLU y la NAACP— enviaron una carta abierta a Infantino advirtiendo que la FIFA corre el riesgo de ser usada como “herramienta de relaciones públicas” para blanquear la reputación de un gobierno cada vez más autoritario.

Tres anfitriones, una misma vara

El Marco de Derechos Humanos de la FIFA obligaba a cada una de las 16 ciudades sede a publicar un Plan de Acción elaborado con gobiernos locales y sociedad civil. El plazo original era marzo de 2025; se extendió al 29 de agosto de 2025. Al corte del informe de HRW (abril de 2026), solo cuatro ciudades habían publicado: Atlanta, Dallas, Houston y Vancouver. Lo que siguió fue una carrera de último minuto: Nueva York/Nueva Jersey publicó su plan en mayo de 2026, y Filadelfia lo hizo el 29 de mayo, dos semanas antes de su primer partido, tras haberlo mantenido privado en contravención de los lineamientos de la FIFA — y sin haberse reunido con los proveedores de servicios para personas sin hogar.

La misma vara, país por país:

México

Las tres sedes mexicanas —Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey— estaban entre las doce que no habían publicado sus planes al corte de abril. Los borradores y procesos previos, analizados por organizaciones especializadas, muestran luces y sombras: el plan de la Ciudad de México se centró en los riesgos de la renovación del Estadio Azteca pero dejó fuera el diálogo con sindicatos; Monterrey priorizó movilidad y medio ambiente pero excluyó del proceso a las poblaciones indígenas pese a reconocerlas como grupo afectado; Guadalajara presentó el diseño más inclusivo, con una Mesa Especializada de Derechos Humanos, un mecanismo de canalización de denuncias y participación de sindicatos y periodistas. En paralelo, el gobierno capitalino anunció a finales de mayo acciones propias contra la homofobia —brazaletes arcoíris en la policía turística y veinte espacios seguros en la Zona Rosa—, que valen, pero no sustituyen el instrumento que la FIFA exigía.

Donde el plan formal no llegó, la institucionalidad de derechos humanos y la sociedad civil construyeron su propia infraestructura de vigilancia. La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México desplegará a 220 personas en territorio entre el 10 de junio y el 19 de julio —en la última milla del Estadio Ciudad de México, el Zócalo, los festivales futboleros y los puntos de movilización social—, con labores de prevención, mediación y documentación, y con una definición que vale oro en este contexto: la protesta social y la libertad de expresión son derechos fundamentales que deben garantizarse durante el Mundial. La CNDH, por su parte, desplegó personal civil en las tres sedes, con presencia en aeropuertos, centrales de autobuses, sitios de revisión migratoria y estadios.

Y el mismo día de la inauguración, la Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas, Todos y Todes” —88 organizaciones de 23 estados— anunció el Observatorio Mundialista de Derechos Humanos: documentará desplazamientos forzados, desalojos, persecución de personas migrantes, acciones de limpieza social, criminalización de la protesta y violencias institucionales, con seguimiento explícito a las afectaciones contra personas LGBTIQ+, mujeres, periodistas, personas defensoras y comercio ambulante. El Observatorio pondrá atención especial en Jalisco, donde identificó al menos 15 derechos vulnerados o en riesgo, y alertó por la magnitud del operativo de seguridad “Plan Kukulcán”, que contempla la movilización de 99 mil efectivos, incluyendo fuerzas armadas. Su punto de partida resume el espíritu de esta auditoría mejor que cualquier editorial: “ningún espectáculo está por encima de la dignidad y los derechos de las personas”.

Estados Unidos

Entre enero de 2025 y marzo de 2026, ICE arrestó al menos a 167,000 personas en y alrededor de las once ciudades sede, según datos oficiales obtenidos por el Deportation Data Project y analizados por HRW. En la final del Mundial de Clubes 2025, ICE detuvo a un aficionado. Más de 120 organizaciones, agrupadas en la coalición Dignity 2026, emitieron una advertencia de viaje por riesgo de discriminación racial, registro de dispositivos y trato cruel en centros de detención. Los planes de Dallas y Houston, dos de los primeros publicados, no contienen una sola referencia a personas LGBT ni a los riesgos para periodistas. El dato más revelador del estado de la promesa de 2018: según The New York Times, la propia FIFA discutió pedirle al presidente una moratoria de redadas migratorias durante el Mundial. Quien promete una fiesta abierta no necesita negociar treguas.

Canadá

El anfitrión con las protecciones legales más sólidas para personas LGBT+ tampoco sale gratis de la auditoría: un estudio de la Universidad de Monash concluye que el fútbol canadiense tiene tres idiomas —“inglés, francés y la homofobia casual”—, y nueve de cada diez futbolistas queer reportan homofobia en los vestidores. Vancouver fue de las pocas ciudades que cumplió a tiempo, y su versión final muestra algo importante: tras la retroalimentación comunitaria, el comité incorporó la seguridad de trabajadoras sexuales como área prioritaria propia y financió patrullajes comunitarios de acompañamiento — aunque colectivos locales señalan que el plan sigue corto en apoyo a las personas marginadas que viven cerca de los eventos.

Lo que puede pasar en 39 días

Sería fácil cerrar con el inventario del incumplimiento. No es lo que hacemos.

Lo primero: la vara existe porque la sociedad civil la puso ahí. Los requisitos de derechos humanos en las candidaturas no fueron un gesto espontáneo de la FIFA: fueron la conquista de organizaciones que, tras el FIFAGate y tras Qatar, exigieron que los megaeventos dejaran de construirse sobre abusos. Esa conquista no se borra con una campaña apagada.

Lo segundo: hay demandas concretas sobre la mesa, con destinatario y plazo. HRW pide una garantía pública de que no habrá operativos migratorios en partidos y sedes —una “tregua de ICE”—, protecciones LGBT explícitas en todos los planes, y garantías de seguridad y acreditación para periodistas que cubran derechos humanos en los tres países. Cada una es verificable: o se cumple o no se cumple, partido a partido. Y en México, el Observatorio Mundialista ya está documentando — con 88 organizaciones detrás.

Lo tercero: la presión funciona, y ya hay prueba. El caso de Vancouver —donde la retroalimentación comunitaria cambió el contenido del plan— y los compromisos de Atlanta con organizaciones LGBTQ+ locales muestran que el instrumento, cuando se usa con la sociedad civil adentro, produce resultados concretos. El problema nunca fue la herramienta: fue la voluntad de usarla.

Y hay una fecha para anotar en el calendario del torneo que no aparece en el fixture. La primera mitad de este Mundial transcurre durante junio, el mes del Orgullo. El 27 de junio, en plena fase de grupos, la Marcha del Orgullo LGBTTTIQAP+ de la Ciudad de México — con el lema «Ante los ojos del mundo, mi lucha es tu lucha: ¡Igualdad, paz y solidaridad!»— ha anunciado que mantendrá su recorrido tradicional hasta el Zócalo —el mismo Zócalo de los festivales futboleros—, con acuerdos logísticos ya pactados con las autoridades capitalinas. Puede ser que el punto de destino cambie. Según reportes de prensa y de las organizaciones convocantes, la edición anterior reunió a cientos de miles de personas —se ha reportado hasta 800 mil—, lo que la coloca entre las marchas del Orgullo más multitudinarias de América Latina, junto a la de São Paulo. Ese día, la ciudad sede del partido inaugural va a mostrar en sus calles lo que la FIFA decidió no mostrar en sus pantallas.

Millones de personas van a mirar las mismas pantallas al mismo tiempo — eso sigue siendo un poder enorme, y no pertenece a quien organiza el torneo sino a quienes lo miran. La pregunta que nos acompaña hasta el 19 de julio no es si la fiesta será grande. Es otra: ¿qué tendría que pasar en estos 39 días para que la promesa de 2018 se cumpla, aunque sea en parte — y quiénes vamos a estar mirando para contarlo?

Contexto contra el miedo. Sin drama.


Fuentes de respaldo y contexto

Fuentes primarias:

Referencias de contexto